Silente la mano desdice humedades,
Los dedos almíbar
Pequeños miasmas de tus oquedades.
Mi lengua traductora de tus delicias,
La penumbra divaga entre mi viveza
Y las sedas de tu piel.
Las manos saben de tus parábolas,
Mi respirar es una dicción inconclusa
Que huele tu animalidad cercada.
Me pruebas y dices
Sales,
Olores,
Leperadas que te vuelven transparente.
Cuando sucumbes soy mendicante
De otra luz,
De otra cabellera que desde el espejo
Se vacía sobre mí.
servido por estedeleden
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No es la guerra fugaz de los grillos de tu sexo,
No es la estela húmeda que la noche se unta en tu desnudez,
No es la baja luz que en tus medias de red ensombrecen mi respiración,
No es que al empujarme más hondo dentro de ti mi verdad desfallezca,
No es que el sudor de tu cabellera me brinde el óleo sutil para mi perversión,
No es que el sabor dulce y de almendras de tus labios derroten mis postulados obsesivos,
No es que acompasada mi boca busque en tu mitad ese pequeño montículo de ardor,
No es que mis manos retomen tus nalgas como si fueran palomas que ansían volar,
No es que se disipen sobre mi piel tus jadeos y el triunfo de tu gemir corone mi embriaguez,
Tampoco es la Altanoche que nos tiene atareados en nuestro compás amatorio,
No es que la hora sea cera de una vela que nos retorna a la ceguera del amor,
No es que deletree en ti mi verbo promisorio que es Saciar.
(Yo me sacio en ti,
Tu te sacias en mí,
Él se sacia al vernos a los dos,
Nosotros nos saciamos al mirar esta limpidez del instante,
Ustedes se sacian al observar,
Ellos se sacian al oír...)
No es que intente escribir el desliz de tu floración,
Es sólo que después de la película de nuestro placer
Aún se agitan los nervios de tu orgasmo negro
Que se clausuró en mí.
servido por estedeleden
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Mi olor son palabras.
Mi olor es tu saliva,
Mi olor es tu sudor,
Mi olor es la deriva
De luz que tu lengua
Derrite sobre mi piel.
Mi olor eclipsa tu seda,
Mi olor engulle tus pies,
Mi olor enceguece tu orgasmo,
Mi olor.
Mi olor es de cama usada,
Mi olor es de agua que bebes
Y que gotea de mi sexo para ti.
Mi olor es una cifra
Que sabes guardar.
Mi olor es una matemática
Salobre para tu delirio.
Mi olor te insola,
Te pervierte,
Te hace sombra,
Te deglute,
Te exacerba,
Mi olor.
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las chicas de las tiendas de ropa son más atractivas
para mí que las chicas de filosofía y letras.
será culpa de Elizabeth pero ayer entré al departamento de lencería
de una tienda del centro de la ciudad...
mis ojos son como peces que se untan a los muros de cristal de su pecera,
cuando camino entre tangas, baby dolls, medias o pantaletas,
me da por cerrar los ojos,
caminar a ciegas,
y oler...
el olfato es entonces el ego de la historia.
por armazones colgantes de bruñido metal voy
y los olores que aquí se acumulan son de tela nueva,
son los olores del color blanco
(el color blanco es muy liviano, casi imposible de registrar,
pero me lleva a un ligero aroma de silicón),
del color amarillo mi nariz atrapa un olor picante;
el rojo, de tan fuerte al principio, es el primero en declinar
en mi olfato;
el gris tiene un olor penetrante que da gusto respirar,
pero el olor que me precipita es el lila de texturas entre nylon
y algodón: aquí es mejor abrir los ojos para mejor dejarse fascinar.
-sólo vengo por ver señorita,
quiero regalar a mi novia una prenda que le guste,
¿usted me puede orientar?
sus pestañas con puntas hacia arriba,
su minifalda guinda,
y su brassiere blanquísimo debajo de su alba blusa
no me dejarán mentir que se sonrojó.
-bueno, no se preocupe,
yo solito lo puedo hacer.
y ella se fue, pero sus ojos más bien me vigilaron
durantes minutos.
no recuerdo qué escritor ha dicho por ahí que él
prefiere comprarles la lencería a sus amantes.
magnífica idea que ayer me tuvo metido entre prendas
placenteras y delicadas.
prefiero a las chicas de las tiendas de ropa que a las
estudiantes universitarias porque el embeleso es más humano
en las empleadas;
a éstas el asombro las despeina,
la vida les baja por las piernas y las somete a disciplinas
laborales que las hace amar fugas, sobre todo las sexuales;
las que estudian, entre los libros se les va la locura,
se les acaban las ganas de sudar,
prefieren sublimar el vuelo antes que acometer con sus bocas
los sabores de una encendida pasión,
bajo las sábanas.
las que leen a Paul Auster quieren fingir que sus vidas
podrán ser como Lulú la del puente,
las que trabajan son terminantemente analfabetas
pero no analfabetas emocionales, no, más bien
no quieren eclipsar su vida en argumentos de ficción.
en todo caso las chicas de tiendas como las de ropa
son expertas en la praxis por eso son magníficas amantes,
si no lo creen pregúntenle a gerentes,
dueños de tiendas,
distribuidores,
o a algún comprador.
ayer entré a una tienda de lencería y hoy lo repita tal vez.

servido por estedeleden
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