LA AMISTAD
Tomo un libro de Francesco Alberoni cuyo título es La amistad. En una de sus páginas este autor italiano nos dice que esta palabra, nos trae a la mente un sentimiento sereno, transparente, hecho de fe y confianza.
Más adelante Alberoni agregaría nociones como encuentro, correspondencia, entre otras, en relación al tema esencial de este buen libro.
Creo en su discurso; me gusta pensar que la amistad todavía existe, y que los elementos que la definen son del orden de lo inasible, de lo espiritual: serenidad, transparencia, fe y confianza, además correspondencia y encuentro.

He tenido amigos y amigas, actualmente los tengo, también. No me puedo quejar, aunque no soy una ave social sí puedo decir que soy hasta cierto punto un pájaro popular: por raro y por ser, qué cosas, asocial.
Imagino la amistad entre Verlaine y Rimbaud, hecha de pasión, amor carnal y odio.
Imagino la amistad tan sublime entre Anaïs Nin y Henry Miller. Esa forma de la amistad en la que ella posee los bienes materiales y de los otros para hacer, de su entrega con el autor, un sostén real en la vida del escritor pelón y creador de esos trópicos existenciales y erotizantes, en la narrativa estadounidense.
Imagino la amistad entre El Gordo y El Flaco, seguro plena de silencios, de burlas, de ironías, de vacíos, porque la vida del comediante debe estar llena de atrocidades cotidianas, de dolores callados para necesitar de la risa, para sobrevivir.
No me imagino la amistad entre ninguna especie de políticos, ya ellos saben muy bien (y creo que hasta se enorgullecen de ello) que en la politica no hay amistades.

Me imagino la amistad entre los filósofos griegos, los que fundaron el razonamiento, la verdadera curiosidad por saber qué mundo habitaban y los habitaba. En cambio, me cuesta mucho imaginar la amistad entre los filósofos postmodernos de hoy; se me hace que de existir no dejaría de ser una pose, una señal de su frívolo y necesario hermetismo.
Me imagino la amistad entre una puta y un poeta: tan similares, tan desatendidos, tan desconocidos por la sociedad la una y el otro: tan útil la una, como inútil el otro. Lo lamento, en la sociedad capitalista el valor de cambio, la utilidad, define el papel de cada quien.
He tenido amigos y amigas; algun@s ahora ya no me dirigen la palabra, quiero entender que así es en la vida: llegan rostros, manifestaciones de comprensión mutua, aprendizajes, encuentros y desencuentros y después la distancia.
Tengo amigas, en serio; con una de ellas hice el amor en el pasado y ahora no nos pedimos sexo el uno al otro, porque no lo necesitamos el uno del otro. Cuando despierto y sé que en el mundo existe una chica que me ha amado, y ahora sé que es mi amiga, creo que mis asuntos pueden caminar un poco mejor.
Tengo amigos que me han dicho que algo han aprendido de mí.
He tenido amigos que me daban de comer, cobijo, música, poesía, coraje y comprensión.
Yo he pretendido darles, también, lo que ellos han llegado a compartir conmigo.
He tenido amistad entre la especie humana porque he podido encontrarme con ellos, y desde entonces mi vida cambia constantemente.
En este libro de Alberoni, su autor cita in extenso algo de Henry Miller que vale la pena citar (porque a mí ya se me están acabando las ideas), aquí va:
“Henry Miller, en su libro Trópico de Capricornio, habla de un amigo suyo y dice: Hamilton me abrió los ojos y me dio nuevos valores, y aunque después perdí la visión que él me había dado, yo nunca más vi el mundo ni mis amigos como los había visto antes de su llegada. Hamilton me transformó profundamente, como sólo puede hacerlo un libro raro, o una experiencia rara, o una personalidad rara. Por primera vez en mi vida entendí lo que podía ser la experiencia de una amistad vital sin sentirme por ello esclavizado o atado por esa experiencia. Nunca, después que nos dejamos, sentí la necesidad de su presencia efectiva. Él se había dado por completo y yo lo poseí sin ser poseído. Fue la primera experiencia clara y completa de la amistad y no se repitió nunca con ningún otro amigo. Hamilton, más que un amigo era la amistad en sí.”

Así lo escribe el maestro Miller. Quiero pensar que alguien que me lea tiene, en su universo personal, la amistad de un alma que está creciendo a su lado, sobre todo cuando las cosas se ponen difíciles.
Eso lo admiraré por siempre.



Maga terrenal dijo
Así es, innegable la necesidad de contar con un amigo, alguien que te sostenga, te escuche o te bálsamo para tu alma, especialmente en momentos difíciles. Yo lo considero un tipo de amor. Sustancioso , tu post.
Saluditos, Alex
19 Octubre 2006 | 06:46 PM