Amor, si alguna vez nos vemos por ahí, invitame a un café, y hazme el amor...

Sé que por mi edad debería de hablar de otra melodía, de otra letra, de otra intérprete; sin embargo, cuando mamá coloca en el CD esa canción de Rocío Ducal, “La gata bajo la lluvia”, sé que tengo mi Cabiria, mi Edith Piaf, mi Aurora Ferrer, mi Lila Downs, mi Evanescence, y tengo qué decir porqué: a cada cantante y a ese personaje de Fellini que he mencionado, a cada mujer artista, pues, la pongo en su sitio: tienen mucho talento, cada una a su medida, sus voces me enloquecen (bueno, la Cabiria tiene otros significados, pero me gusta en mi lista) y ya sin rodeos, ahora les hablaré de la Dúrcal, por dos razones, una remota y otra cercana; la remota es que me gustó mucho su papel en la película adaptada de aquella novela llamada Marianela, de Pérez Galdós; y ya de cerca, porque su voz en la canción “La gata bajo la lluvia”, y mucho más la letra de ésta, me tienen subyugado, pues sé que es una melodía existencialista, que le hubiera gustado a Albert Camus, seguro, y es que me imagino a esa minina bajo la lluvia, caminando por una calle de París, Madrid, o de mi ciudad, diciendo justamente:
“Amor, si alguna vez nos vemos por ahí,
invitame a un café, y hazme el amor.
Y si ya no vuelvo a verte, ojalá que tenga suerte.
Ya lo ves, la vida es así. Tú te vas, y yo me quedo aquí.
Lloverá, y ya no sere tuya. Sere la gata bajo la lluvia...”.
Nada más.
Quería compartir con ustedes lo grato que es para mi oído y mi corazón escuchar -una y otra vez- esa melodía de la Dúrcal, quien murió este año, ya su hija empieza su carrera como cantante, y si sé que interpretará “La gata bajo la lluvia” igual le prestaré atención.
Bueno, es que Shaila es un bombón, además, ¿o no?



Aurora dijo
Confesiones de anacronía: una película de Fred Astaire y Ginger Rogers (las tramas son nulas y él como cantante era un gran bailarín, pero las sierpes de la falda de ella meciéndose al ritmo del swing siempre me hipnotizan…), un buen bolero lacrimógeno (de los de ristra de paquetes de pañuelos en mano…), una poesía de Mallarmé (un olor que se lee y que se oye…), una fotografía en blanco y negro (matices sobre matices que los colores en ocasiones disfrazan o esconden…)…
A veces creo, niño zalamero, que la fecha de nacimiento es sólo una circunstancia del tiempo, una anécdota numérica en el carné de identidad. Quizás la edad sea en realidad un estado mental. Por ejemplo, yo hoy me siento terriblemente vieja y cansada… y eso que sólo (o ya, no sé…) tengo 26 años…
PD. No sé cómo encajar el hecho de que me coloques entre Edith Piaf y Lila Downs... Demasiada responsabilidad, la que me estás cargando...
27 Octubre 2006 | 10:02 PM