ELLA SE LLAMA O.
Por fin se asoma el sol, mis manos han dejado el frío en el interior de los bolsillos de pana de mi pantalón azul marino. El pasado lunes, en los escalones cerca de mi salón de clase me mantuve sentado más de tres horas, platicaba con mis amigos T., S. y A. Bagatelas, charadas, pequeñas minucias de fin de año; a veces mi vida es como una escena backettiana donde sólo falta que alguien asome un mazo desde un tacho de basura y me golpée la nuca para que me avive. Soy distraído, rumiante solar, o frío reptil que únicamente ama a un par de piernas como el de O., una chica que ese primer día de la semana quise conocer por cuenta propia; ella venía caminando, y como se me ha hecho insoportable ver sus piernas untadas a la tela azul de sus pantalones, y esas tetas que se untan igual al estambre de sus suéteres, pues no pude esperar más y la miré, le pregunté su nombre, le apreté la mano derecha (fría) y le dije “soy Alejandro, y ya sabía que te llamabas O. (su nombre lo había preguntado a un amigo suyo, unos minutos antes), sólo quería corroborarlo y me gusta tu sonrisa, oye ¡porqué siempre te veo sonriendo?”. Y ella, se sentó a mi lado y me dijo que es que ella es así, alegre…
Sí, inicia el 2007, año de frescura para mi vitalidad, aunque estoy de lo más escéptico, pero ya que vine hasta aquí a rumiar mis palabras en este blog aburrido, pues escribiré que me siento muy bien (no feliz, porque eso me cuesta mucho), que dejé de fumar, que no quiero bebidas frías, que quiero verme más guapo de lo que soy, que quiero hacer más amigos, que quiero que O. -la chica que por fin hoy, una vez más, miré de frente y olí su perfume cerca de mí- sea para mí más que una conocida, y no sólo un free, sexo y cachondeo, sino algo más, y para eso le propuse citarnos en un café del centro de mi ciudad. O. tienen los ojos lindos, tiene 18 años, estudia danza; necesita gafas con más de 10 dioptrías, creo que eso escuché; es libra, odia el fútbol, le gusta el teatro cabaret, viene del Distrito Federal, su madre es psicoanalista, su padre ya no vive, ella escribe poemas, pinta cuadros, sus temas son los tigres, el agua, la noche; le gusta la música de Peter Murphy, Tool, los pasteles de limón, la ropa entallada (¡sí!), el cine de Spielberg (ni modo, qué convencional), quiere ser bailarina de un grupo neoyorquino de danza contemporánea, con el que guarda relaciones a través de chat e e-mail; es adepta a la música de Chopin, le late Kundera, le gusta el mar, odia las drogas (punto a favor) y dice que cuando sea mayor también quisiera ser actriz de cine.
Bien. Me gusta mucho O.
Pero, ¿porqué ya pienso un poco más en ella y quiero verla otra vez, en este instante?
Bueno, mañana será día de cine, una vez más, con ella, y después… sí, un café, música en vivo, una cena, no lo sé. Ojalá mañana sople ese viento frío del invierno en mi ciudad, para llevar esa gabardina nueva, de color negro, que me regaló mamá.
Sí, aquí estoy otra vez, y quiero saludar a Maga, Aurora Boreal y a otros escrutadores de los signos evidentes de los blogs de La Coctelera.
Feliz año.



Maga dijo
Suerte Matador! con gabardina o sin gabardina te verás guapo..
12 Enero 2007 | 05:39 AM