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La Coctelera

VIVIR AL ESTE DEL EDÉN

DEL PENSAR Y DEL DECIR

13 Marzo 2007

CARA DE MUÑECA II

Frente a la computadora, en esta altanoche, soy una especie de homínido que pretende metaforizar su desconcierto. Pero en mi diario apenas alcanzo a vislumbrar mi zozobra, con un creciente temor de repetir la misma historia: el ascenso de la dicha, la esperanza de que ahora sí me encuentre en el espejo femenino que me resalte fiel y amorosamente, y después el vislumbre de la verdad y el descenso a la súbita realidad, donde una vez más no pase de ser el chico inteligente, cariñoso, con el que se puede contar, crear una bella amistad pero nada más. La noche es un refugio para que mis oídos se llenen de la música Doom Metal que alguien me ha contagiado. He intentado hablar por teléfono con Claudia, pero las únicas palabras que escucho son las que explican que su aparato está fuera del área de servicio. Son más de treinta días desde el primer día que llegó hasta la casa acompañado de Víctor; me propuse no buscarla, en todo caso no mandarle ningún mensaje a su correo electrónico. Esa noche después de que los encaminé para que tomaran un taxi, poco después de la medianoche, supe que había entrado Claudia en mi vida y seguro para quedarse durante mucho tiempo…

Claudia sonríe cuando otra vez el amigo mutuo nos deja a solas, porque ha ido a la tienda a comprar más cigarrillos. Ya la cocina es un lugar que poco a poco se ha apartado de sus aromas comunes por obra de la neblina artificial del humo del tabaco incinerado, el olor particular del líquido ámbar y frío, la cerveza que comienzo a tomar en demasía; la necesidad de conocer a alguien o de pensar, por riesgos propios, de que quien me acompaña es una cara legendaria que vuelve otra vez a mí, porque cuando una persona me atrae es porque se verifica el reconocimiento de que alguna vez, en otra era, tuve que ver con ella, y hoy, despierta de ese sueño del desconocimiento, y un ser particular nos reúne para verificar el registro de lo que es necesario compartir.

Le pido a Claudia que me lea uno de sus poemas, mientras voy hasta la cantina de mi padre donde una botella de ron cubano me espera con su líquido prodigioso, la tomo, camino hasta el refrigerador, tomo hielos, pienso que en el gabinete hay vasos verdes obscuros, y me siento en el entusiasmo que me arrebata cuando sé que bastarán dos o tres tragos para convertirme en un reptil sabihondo e interesado en conocer lo que antes parecía un común sentimiento de cortesía, pero Claudia no quiere leer ninguno de sus poemas y si acaso me acepta una copa es porque quizá teme que yo me moleste. Alega que mejor en otro momento, la lectura, que lo bueno es que ya me está conociendo. Hablamos de las maneras de nuestro amigo, de lo bien que nos cae. Le pregunto a la chica acerca de sus estudios, dice que estudia Comunicación en la ciudad de Veracruz. Que sólo va a la escuela los sábados, que el nivel académico no es muy bueno. Le pregunto acerca de sus intereses: televisión, prensa, revistas, etcétera. Me responde que estudia sólo por estudiar algo, que en realidad lo que le interesa es el cine de Jim Jarmush y que si tengo algo de este cineasta; aprovecho para hablarle de la película

Stranger than Paradise; su protagonista, Eva, quien llega de Hungría a Norteamérica, me resultó de lo más simpática, porque escucha música de Screaming Jay Hawkins, es muy trabajadora y arroja al cesto de la basura un vestido que le ha obsequiado Eddie o el otro chico, su primo Willie, no lo recuerdo bien. Claudia me escucha, al momento que toma un poco de ron de su vaso de cristal verde obscuro. Me dice que esa película ya la ha visto, que tiene en video todas las cintas que han salido hasta la fecha del cineasta norteamericano. Es más su idea es hacer la tesis de licenciatura acerca del cine de Jarmush, claro que yo festejo su propuesta, le ofrezco todo el apoyo que pueda tener a la mano: libros, revistas, presentarle amistades que saben de este cineasta, etcétera.

Regresa Víctor a la cocina, va acompañado de Fernanda, quien aprovecha la ocasión para decirme cerca del oído derecho: Oye hermanito parece que te estás emborrachando, esa mirada que tienes no me gusta nada, nada.

-Hum, hum, ¿no gustas un poco de cerveza, Fer?

La aparto de mí y le digo que no se preocupe, que todo está bajo control y aprovecho a la vez para presentarle a Claudia. Fernanda estrecha la mano de Claudia con una indiferencia muy mujeril. Claudia otra vez sonríe y me vuelve a atrapar en la luminosidad de sus labios, aparte su tono de voz es muy agradable, le pregunto si le interesa la radio, dice que la verdad no. Fernanda sale de la cocina y se pierde en el pasillo que la lleva hasta su habitación.

Me estoy sintiendo ebrio, pero desde esa parte que es conciencia gozosa, que es claridad, atención; me está llegando la embriaguez que no es disparadora de impertinencias sino que es tensión demasiado humana, ésta que me lleva a sonreírle también a Claudia, abrazar a Víctor, decirles sin palabras que están en su casa, que descubrir banderas comunes es un ejemplo de hermandad y un deseo de que el tiempo cese, y no tenga que llegar el momento en que alguien tenga que decir esto ha estado bien pero ya es tarde, además la obscuridad de la hora comienza a recortar la escasa geometría que alcanzo a observar desde el lugar que nos reúne.

Y otra vez sale Víctor, ahora al baño. Aprovecho para pedirle a Claudia su e-mail y aparte me da el número de su teléfono celular.

-Claudia ¿dónde vives?

-Por la salida a Veracruz.

-Huy, pues hay varias colonias por allá.

-Bueno, ya después te diré en qué colonia, en qué calle, no te desesperes.

Cuando usa la palabra “desesperes”, algo me golpea las sienes, tomo un poco de distancia ya que me estaba acercando mucho a ella, sentados en los bancos de la cocina, tomo un cigarrillo de la caja de nuestro amigo, lo comienzo a fumar y continúo.

-Claudia ¿acaso no se te ha ocurrido estudiar Letras en la Universidad?

-Sí, de hecho me estoy preparando para el examen de admisión.

-Ahh qué padre, sabes, es una carrera muy interesante, además es muy compatible con la carrera que estás estudiando…

-Mira, otra vez te digo que la comunicación no me interesa mucho, en cambio escribir, leer, la literatura en general es mi pasión.

-Está bien.

Hasta la cocina se escuchan las risotadas de Víctor y de Fer, quien seguro salió de su cuarto para ver televisión en la sala. Y en este momento me entran unos celos que creo comprensibles, aunque mi hermana es una chica adolescente, es linda, y Víctor sabe muy bien cómo llevar una charla interesante, pero la presencia de Claudia es más poderosa, así que la invito a que lea uno de sus poemas pero ella insiste en que no, que mejor para otra ocasión.

Otra vez Fer y Víctor están en la cocina, las miradas de mi hermana son nuevamente parte de una actitud que no aprueba que esté tomando tanto licor, la comprendo, llevo mi vaso hasta el fregadero, lo vacío y lo coloco bajo un pequeño chorro de agua, diciéndole con esta acción a Fer: Ya está, ni una copa más. Me sonríe y se despide de los tres diciendo que se va a dormir.

No he reparado en la hora y ha pasado ya el tiempo suficiente desde que la lluvia azotó la casa, el jardín, el roble se parapetó en la espesa noche, de esas que son más obscuras por llegar después de la lluvia. En el garage las sombras de papá y mamá son parte del rito que presagia una imposible reunión familiar sabatina, que tendrá que ser pospuesta para otra ocasión, porque Fer ya está en su habitación, y yo tengo amigos que atender y unas ganas inmensas de que se prolonguen los instantes en que soy presa de una vaga sensación de desamparo y consternación.

(Continuará.)

...

(Nota: Intenté quitar el odioso subrayado del presente post, a partir del título de la película de Jim Jarmush, pero no lo logré. Lo lamento. Alex.)

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