LA DIZQUE 18ª. FERIA DEL LIBRO INFANTIL Y JUVENIL EN XALAPA, VERACRUZ
Digamos que mi plan vacacional era ir al Puerto de Veracruz tras los pasos y brazos de Ella, sólo que Ella no ha contestado mis mensajes electrónicos, ni ese número celular de su artefacto me ha dejado oír su voz, entonces al principio enojo, después una vaga sensación de olvido -tengo tantas cosas que hacer en Xalapa, la ciudad que habito y me habita, que este retorno a Veracruz me parece digno de mejor momento, sí.
Los días corren con la intermitencia de la lluvia, algunos truenos, y este bochorno xalapeño que también ha cambiado por gracia de las disposiciones climáticas globales (mis padres lo han resentido tanto que siempre traen en la boca esa designación obsesiva de que el clima ha cambiado mucho en mi ciudad, que ya no es como antes…).
Y digo que tengo muchas cosas que hacer porque estoy leyendo, ordenando la entropía de mi cuarto, hablando por teléfono con los amigos que se han ido a sus ciudades a pasar las vacaciones, cocinando, recibiendo visitas familiares, escuchando a Unoma, y hoy, decidí ir a la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa, en la versión de este año 2007.
Del 27 de julio hasta el 5 de agosto, en su legendario Colegio Preparatorio tendrá sitio esta edición número 18 de la feria. Bonito evento. No sé. Quise llegar a postear hasta aquí una reseña acerca de lo que he visto, o una crónica acerca de lo que he atestiguado, pero la verdad no es de mi estilo, ni es parte de mi humana naturaleza alabar ciertas curiosas circunstancias sociales, como esta feria libresca. No va conmigo hablar bonito de cosas como esta, por eso quiero compartir con ustedes mis personales puntos de vista acerca de esta Feria del Libro Infantil y Juvenil.
Primero: Si inventaran un dispositivo para que en las entradas se verificara de una manera objetiva (podría ser un arco como esos detectores de metales) si las personas que visitan le feria han leído (para tener derecho a acceder a la feria) al menos un libro completo de enero hasta este mes de agosto, la verdad es que aventuro que el 90 o 95 % no podría acceder al recinto ferial.
Segundo: Me parece que los libreros (o expendedores de libros) se aburren cíclopeamente en un estilo ferial que en tiempos de carestía, crisis, etcétera… la mera verdad es que dudo que los comerciantes libreros hagan mucho dinero en este estilo de hacer ferias de libros, sin embargo:
Tercero: (que contradice el punto anterior) Pinches libreros careros; nunca he entendido porque encarecen tanto el libro estos mercachifles. He visto, tanto en los precios de libros usados como nuevos, ese afán draculesco (¿draconiano?) por a fuerza (a güevo) hacerse de una lana producto del plusvalor artificial, cuando los libreros menosprecian a los lectores y potenciales consumidores de libros al aumentar drásticamente los precios de los objetos llamados libros. Por ejemplo: un estand, de una incierta librería llamada “Da vinci” (puta qué profundidad, qué originales) ofrece ejemplares super caros; es el caso de esa edición pinche, españolita, de El Gran Gatsby (de F.S.F), pues allí lo tienen a 65 pesos, cuando seguro el librero dueño lo habrá conseguido en 5 mugrosos pesos. Entonces, a la vez los libreros que se aburren no hacen mucho dinero, pero les basta y les sobra con estas maniobras de vender poco pero sacar mucha ganancia de sus ventas; en economía (o en comercio) cómo se llamará a este tipo de maniobras, yo las conozco como gandallez.
Cuarto: El programa cultural de la feria (las presentaciones de libros, las lecturas, los actos de bailarines, escritores, etcétera) siempre queda en manos de las mismas caras de siempre, las glorias locales que ese día sacan a relucir sus mejores garritas intelectuales y hacen como que piensan, y como que escriben e iluminan las vasta provincianidad de esta capital veracruzana. Los mismos jueguitos mafiosos, las mismas tretas de las mismas literaturas bajas en calorías, las mismas galanuras de mujeres y hombres en pos del encumbramiento otra vez provinciano.
Quinto: ¿Qué salva realmente a este tipo de eventos? Pues la gente, sobre todo los niños y las niñas que asisten, y los papás de los niños y de las niñas que los llevan porque hay talleres, cuentacuentos, bailarines, actores, profesionales del entretenimiento y de la educación, que durante esos días de feria trabajan con los infantes haciendo que éstos se abran al mundo de la imaginación y la creatividad.
Sexto: De todos modos algunos libreros tienen las pilas puestas y hacen un buen papel, digno, lo sé, porque hoy salí de la feria con algunos ejemplares de Humberto Eco (en editorial Lumen, ni más ni menos), de V.S. Naipaul, de Cristina Peri Rossi, J. M. Coetzee, que obtuve a precios bastante accesibles, es más les diré que cada uno de ellos los adquirí a 50 pesos mexicanos (casi 5 dólares cada uno).
Séptimo: Una humilde propuesta: Que en ediciones futuras de la feria del libro infantil y juvenil de Xalapa, inviten a otras casas editoriales o librerías que oferten sus existencias de manera tal que vendan mucho pero que todos salgan ganando; con libros baratos en realidad que todos ganan, pues la sencilla fórmula es: feliz el que vende, feliz el que compra, seguro; eso se llama comercio justo, y estos señores del estand de libros de a 50 pesos están ejerciendo el comercio justo.
Que si no pueden invitar a libreros que ejercen el comercio justo pues que una buena parte del dinero millonario que manejan los gobiernos federal, estatal y municipal se canalice a la edición de libros, de manera legal, y que los coloquen a bajos costos, o que de plano los obsequien a los papás que llevan niños y niñas a los cursos y talleres de esta feria (también que los tíos, las abuelitas, los primos mayores, o los hermanos, salgan ganando con un bonito libro gratis bajo el brazo; por supuesto que también les regalen libros a los niños y a las niñas).
Que inviten a escritores yugoslavos, checos, martinicos, cubanos, catalanes, granadinos, sanvicentinos, coatepacanos, peroteños, japoneses, y no más, por favor, a las pequeñas grandes glorias locales, porque de su pobre literatura estoy ya un poco mareadito y cansado.
Que no dejen de asistir chicas tan lindas a esas ediciones futuras de la feria; ¿me creen se le digo que se me hizo ver caminar por allí a Camila Sodi, con un libro de Economía bajo el brazo?

Que me dejen leer mis poemas en un recital la noche de apertura.
Ja, ja, no; no hace falta que me inviten porque no se trata de que desde este post me haga publicidad, la verdad es que yo soy un humilde amateur (amante) de las letras y de las chicas que hacen letras, y no quiero ser nunca una gloria local de la literatura mexicana, no.
Y ya no digo más.
Gracias por leer hasta aquí.


