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La Coctelera

VIVIR AL ESTE DEL EDÉN

DEL PENSAR Y DEL DECIR

30 Agosto 2007

NOCHE DE POESÍA

Martes por la noche.

El tráfico es un remanso extraño, la ciudad parece recobrar la fluidez vial, no llueve aunque las nubes negras y grises podrían argumentar todo lo contrario.

La invitación la leí en el periódico: Adict@S a la poesía sesiona cada último martes de mes, a las 19:30 horas, en conocido café del centro de la ciudad. “Queremos escuchar lo que dice tu corazón”.

Llamo por teléfono a A. para que me acompañe, pero me dice que está haciendo un ensayo para la materia de Cuento Hispanoamericano; no la distraigo más y decido ir solo al café, donde habrá poesía, gente, alguna bebida, etcétera. Alcanzo a usar una computadora de un café Internet , llego hasta mis archivos poéticos, elijo tres poemas (Sol, Nocturno a solas y Caballería interna), corrijo algunos detalles y los imprimo, después camino hasta una fotocopiadora para sacar algunos juegos que quiero compartir, de ser posible, con las personas que asistan al encuentro poético.

El café es una casona, que incluye librería, sala de artesanías, escenario; en la puerta hay anuncios de clases de guitarra, artes marciales, medicina naturista; entro al recinto y como casi van a dar la ocho de la noche escucho la voz de una mujer saliendo de algún amplificador; el lugar está entre penumbras y ciertas islas de luz sobre las mesas que ocupan no más de cuatro personas cada una. Intento distinguir algún rostro conocido y me cuesta trabajo. Hay repartidos en las mesas mujeres, hombres; señoras grandes de edad, chicas atractivas; afortunadamente distingo algunas caras conocidas, me dirijo hacia ellas, después del apretón de manos de cortesía ocupo un sitio y escucho con atención lo que lee esa voz femenina.

Han leído sus poemas más de cuatro personas; la dinámica es que aquellos que quieran leer lo hagan al solicitar su oportunidad; así, los que coordinan le pasan el micrófono a quien quiera leer, y se me hace una magnífica manera de convivir dándole atención a una manifestación literaria que de esta manera encuentra una realidad que vincula voces, sentidos, rostros, humanidades.

Me toca mi turno, leo, descubro mi nerviosismo en la manera en que aprieto el mic. Pero mi voz fluye; qué extraño, siento mi voz más grave de lo usual; la gente que me conoce bien dice que a veces imposto la voz, pero les digo que no, que cuando uno lee poesía esas palabras lo hacen a uno entrar en un tono diferente, en un timbre y color especiales. Así mi voz es más grave porque siento que leer poesía es en algún momento participar de una ceremonia, entre silencios y sonidos que si son buenos tienden a la musicalidad de las palabras; los sentidos tendrían que venir añadidos a una escucha consciente; sin embargo, lo primero que dice la poesía lo dice al oído, al fin es una mano la que habla, sí, porque la mano es la que ha dado grafías a la hoja en blanco luego de que el cerebro asiste a su función de activar la salida al pensamiento. Bueno, no quiero ser complicado, diré entonces que escucharse a uno mismo es participar del tejido original de la poesía devuelta al oído que ya no es de uno. Es adquirir el riesgo de darse a escuchar, y si es en vivo, con personas alrededor el sentido del acto adquiere la serenidad de una liturgia que hermana de alguna manera y esto es estupendo.

Leí pues dos de mis poemas y me sentí muy bien. Di mi nombre, me relajé, solicité a la chica mesera una copa de limonada con agua mineral, y me dispuse otra vez a seguir escuchando.

Leyeron textos que hablaban de los hijos, del amor, de la amante, de los viajes, de las flores, otra vez del amor, y me fijé que una chica que había leído permanecía sola es una de las mesas cercanas a la barra de consumo. Me ordené de súbito a mí mismo: “tienes que conocerla”. Claro, eso es parte de esta fugaz comunidad poética, lo haré.

Terminaron las lecturas, a quienes leímos nuestros poemas nos solicitaron copias de los mismos debido a que piensan hacer una antología con los trabajos presentados. Formidable idea.

Termino de saludar a algunas amistades, sí, por allí una amiga de mamá, ya saben la ciudad es grande pero ciertas rutinas nos hacen encontrarnos con gente cercana; me felicitan por lo que leí, les agradezco, de reojo la miro a ella, la joven poeta, me despido y voy a su mesa.

Se llama M., me enseña el cuaderno en el que escribió el poema que leyó, le digo que me gustó mucho su texto, su voz; ella dice que igual lo mío le pareció interesante.

(Miro a través del cristal redondo del soporte de la mesa sus piernas de color rubio; lleva unos zapatos de tacón corrido, altos, de color azul; los listones que enredan sus pantorrillas me parecen hermosos, sin más. Viste un conjunto azul marino, en el respaldo de su silla descansa un saco de color verde esmeralda, de terciopana, su bolso de piel negra yace en su regazo. Su mirada es verde, su pelo ensortijado del color del trigo. ¿Se trata de una belleza predecible?, no lo creo, sobre todo porque su belleza no sólo entra por mis ojos sino que también lo hace por mis oídos.)

Me dice que admira la filosofía hinduista, que cree en la alta espiritualidad de Osho, y otros nombres más. Me encaja suavemente su edad, sus títulos universitarios, su trabajo y el porqué asistió a la lectura de poesía. Yo hago casi lo mismo excepto porque le digo que soy una persona tímida -mentirijilla muy común en mí. La invito no sé un pastel, pay, ¿a cenar? Me dice que está bien con un café exprés; muy bien y entonces hablo, gesticulo, las manos sirven mucho, las piernas fuertes dirigidas hacia el suelo pero en clara muestra de relax, claro. Mi voz ya no es la del lector de poesía, no, ahora es suave, incluso tan baja como para que ella diga “qué, es que no escuché bien lo que dijiste” y le repito lo que me pida, pero agrego casi un sentido contrario a lo expresado; ejemplo:

- Sabes, estudio física pero la literatura es mi pasión primera.

- ¿Cómo?

- Que estudio Letras Hispánicas pero mi pasión es la física, las ciencias exactas, tú sabes: Einstein,Stephen Hawking, Jay Gould…

- Qué chido/

La noche es cálida; he pagado el consumo en el café y le digo que me voy, mientras espero que de su voz salga la expresión: “espera que yo también ya me marcho”. Y así sucede, y vamos a la calle, y caminar me encanta en noches como esta, y con ella la verdad es que experimento otro tipo de distanciamiento de mi yo. Camino habla que habla y claro que la escucho, y siento un ligero temblor corporal, como si el deseo tocara a la puerta que aquí ya no es el oído, la boca que lee, que habla, no, la puerta que el deseo toca es el pecho, el estómago y tiene su base en el sexo, en un cosquillo genital a todas luces perturbador; pero sé disimular y además sé muy bien que hoy martes por la noche lo único que quiero es llegar temprano a casa, contarle a mi familia mi experiencia poética y dormir pensando en el día siguiente. Además por ahora está A. y quiero guardarle fidelidad aunque nuestra relación no es estable en manera alguna.

Caminamos varias cuadras hacia arriba (mi ciudad no es plana, es de subidas y bajadas, característica que la hace singular entre las principales ciudades de México). Quiero hablarle de mí en un tono más personal pero no me atrevo, me voy más por el lado intelectual. Sé que me escucha y yo a ella, me hago una idea de quién es y parece que le interesa mucho el asunto espiritual, la meditación, estar bien, porque según ella no hace mucho renació a otra vida y le creo.

Llegamos a su casa, es de color amarillo de tres pisos, está bonita.

Le digo que me voy a casa.

Se despide de mí diciéndome que me verá en un mes, el último martes de septiembre a las 19:30, le digo que sí.

Antes del apretón de manos me escribe en una hoja -que después arranca de su agenda- su teléfono, e-mail, su nombre entero… Se lo agradezco.

Me despido diciéndole que un mes es mucho tiempo y que seguro pronto estaremos otra vez caminando, hablando ella de su espiritualidad y yo de nombres de poetas y de poesía y quizá hasta de un poco de mí.

Tags: poesia, noche

servido por estedeleden 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

anelpolancorz

anelpolancorz dijo

Debo mencionar que para ser un chico cuya tendencia a las ciencias exactas es muy marcada, tienes una maravillosa redacción, tu narrativa invita a seguir leyendo, y esta historia, donde superaste el pánico escénico y dejaste que el joven poeta surgiera, fue estupendo.

Concuerdo contigo que al leer la poesía, se da un diferente acento al hablar, es justo como la música, tiene un tono, una rítmica y un modo especial de transmitirnos a través de metáforas o analogías.

Felicidades!!!

30 Agosto 2007 | 03:22 AM

ran-part-2

ran-part-2 dijo

La verdad nunca he ido a un sitio como estes, me ha llamado la atención pero nunca he ido pues no sé quiza me sienta diferente entre tantas personas que les gusta mucho la literatura (pues a mí me gusta pero no tanto a mas pesonas que admiro por eso). Woa veo que hasta ligaste en el poceso, siendo asi de imediato voy a un lugar de estos entonces a tomarme un cfe jeje. Salu2!

30 Agosto 2007 | 10:43 PM

estedeleden

estedeleden dijo

Yo te invito el café ran-part-2. Saludos.
Alex.

31 Agosto 2007 | 09:30 PM

estedeleden

estedeleden dijo

Anel: Qué linda eres. Intento escribir en este blog acerca de lo que considero mi verdad, y te puedo decir que hago el esfuerzo, y que dejo mucho material en la papelera.
Espero que estés bien, disfrutando del amor y haciendo más y más poemas.
Te saluda Alex.

31 Agosto 2007 | 09:33 PM

Alejandra Gutiérrez

Alejandra Gutiérrez dijo

Alex:
al leerte me has recordado las grandes emociones que me embriagan con todos los espasmos y cosquillas que hacen un recorrido un poco aturdido y complementario en cada centímetro de mi piel,... extraño mis lecturas en el café...cada último martes del mes,... y haces una fantástica descripción y llenas cada imagen,... y le imprimes un sabor de café entre sorbos terras y lunas menguantes,... ojala que sigas desenpolvando escritos para que cobren ese sentido transmitir, socializar y como es el lema poetizar la vida,.. Saludos. Alejandra Gutiérrez R. (adicta a la poesía). Un abrazo

11 Septiembre 2007 | 01:08 AM

estedeleden

estedeleden dijo

Hola Alejandra, te saluda Alexandro: bello tu comentario y sincero, además me alegra saber de una adicta a la poesía, y me temo que esa noche no estuviste en el café Tierra Luna. Pero te leo en el sitio de adict@s a la poesía y me gustan tus poemas. Ojalá coincidamos una noche por allí, en el café de nuestra ciudad.
Hasta pronto.
Alex.

13 Septiembre 2007 | 09:05 PM

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