LA REBELIÓN DE LAS MUSAS
M.E.
Uno se descuida y las musas se van, se esfuman (o ¿será que uno las ahuyenta?).
La musa M.E. medía 1:62 de estatura, estudiaba publicidad, era morena de rostro más o menos simétrico, labios protuberantes, pelo negro y largo. Usaba pantalones de mezclilla entallados, blusas como las que hoy usan las Bratz; bueno, digamos que era una chica pre-Bratz. Muy inteligente. Había estudiado en los colegios más caros de la ciudad. Le gustaba experimentar con drogas, y decía que ella se metería de todo menos a través de inyecciones. Sólo por decir eso después no entendí cuando se perforó la parte alta de las cejas, y no sé porqué asocie agujas con instrumentos de perforación, a lo mejor venía siendo lo mismo, tal vez.
M.E. me sorprendía constantemente. Llegaba al edificio de consultorios donde mi madre tiene el suyo; según ella iba a ver a una de sus tías (otorrinolaringóloga distinguida en la ciudad). Yo iba a esperar a mamá para ir a casa a comer. Lugar proclive a los encuentros entre adolescentes, una clínica bien establecida, de clientela selecta, donde varios chicos y chicas estábamos allí a veces por razones de consultas privadas, la mayoría de las ocasiones para visitar a nuestros padres o a algún familiar que trabajara allí. M.E. siempre me atrajo, ese pelo azabache, y ese color de piel moreno significaron un estado de atracción que se convirtió en obsesión. Claro, los primeros días sólo la miraba con la curiosidad entomológica de un postpúber, ella parecía que no se daba cuenta de mi existencia (escribo esto y ya tengo la edad para saber que no me ignoraba del todo, sino que esperaba con esa paciencia infernal que tienen las mujeres para aguantar que alguien -que toca a la puerta de su mundo, y yo ya tenía días sangrando los nudillos porque M.E. me hiciera caso- por fin tuviera el open sasame de su reducto personal) pero de todos modos me sonreía como si abriera resquicios de su ser para mí. M.E. me dijo un día:
-Oye Alexandro porqué no tenemos un hijo tú y yo.
-¿???
Cosas así me inundaban de desorden, y para que yo volviera a equilibrar las cosas, por puro instinto masculino, tenía que rebuscar en cierto repertorio propio proclive a las buenas maneras,o en todo caso en las notas de civilidad que mis padres me han heredado, a base de palabras y nunca de golpes o malos tratos. Entonces yo le contesté -después de segundos, que fueron segundos, lo juro, de desazón- que como estábamos en los días primeros de abril, le dije, que quizá sería difícil ganar algún premio con nuestro bebé como primer nacido del año nuevo 200...
(Como saben en México también premian a los niños que nacen en los primeros minutos del año nuevo.)
Caminaba con M.E. pero siempre de la clínica de nuestrosfamiliares a una calle donde yo esperaba el autobús, y ella seguía hasta su casa en la parte norte de la ciudad (yo vivo en la esquina sur de la misma).
Tengo que anotar que sus padres tenía mucho más dinero que los míos; él era funcionario alto del gobierno estatal. Cuántas veces odie a su padre cuando M.E. llegaba con noticias como “sabes Alex, mi padre ya no me pega, pero me maltrata psicológicamente”. Y yo lo odiaba, pero a la vez tenía una curiosidad inmensa por conocerlo en persona, y reclamarle esos malos tratosen contra demi linda amiga.
Pero bueno, podría redactar páginas y páginas acerca de M.E., sus estudios, sus amigas, todas muy bonitas; sus escarceos con la literatura, la verdad es que hacía poemitas bucólicos sin gran efecto estético. Sin embargo, lo que más me llamaba la atención era una como especie de doble personalidad de ella. Resulta que algunas ocasiones me encontré con M.E. en los cines, en restaurantes, en supermercados, y en la calle era toda una damita de alta sociedad, lucía radiante con ropa cara, zapatos de plataforma alta, y la verdad pocas veces se dignaba saludarme en esas ocasiones. Ya cuando otra vez la encontraba en las salas de espera de la clínica otra vez era la chica interesante, que se hacía hasta la humilde en cuestiones de trato. Me llamaba la atención el tipo de amistades que tenía, sobre todo las masculinas; siempre que la vi con chicos éstos eran medio estúpidos, con rastas, sucios, y fumaban marihuana, y practicaban otros tipos de atasques que incluían piedras de crack y otras linduras. Una noche la tuvieron que sacar entre dos de sus amigos, de un antro rockero, casi intoxicados, pues parece que ella había tomado una dosis fuerte de pastillas. Cuando me di cuenta que el alboroto lo protagonizaba M.E. quise auxiliarla, pero sus amiguitos me tomaron por el cuello y me jalaron otra vez hacia dentro del antro y nada, no pude hacer nada por ella. A los cuatro o cinco días del suceso la vi y le pregunté si se había puesto mal, si necesitaba ayuda (ya saben el típico hijito de psicóloga que quiere convertirse en salvador de la humanidad; al fin no me sentía tan mal cuando recordaba aquello dicho por E. M. Cioran: “La sociedad es un infierno de salvadores”, y allí me consumía por estar al lado de ella, incluyendo que me chamuscara un poquito con su propio infierno) y ella contestó que no le pasaba absolutamente nada, y a otro tema.
Sí, podría seguir y seguir pero para terminar, porque debo hacerlo, les contaré cómo M.E. se convirtió en musa y después cuál fue el signo de su rebelión.
Ella tornóse musa cuando creí que era un ser trascendente, que por algo Dios me la había puesto en el camino, y que a pesar de ser tan diferentes, por algo estaba yo esperando o buscando los encuentros con ella (llegué a hablar horas por teléfono con ella, llegué a meterla en mi mundo personal: clubes de estudio, talleres literarios, es que me había enamorado de su presencia, no tanto de su voz, ni de su risa que era sumamente rara...).
M.E. llegó como musa cuando en mi diario personal, que llevo en mi computadora, empecé a escribirle versos donde ella era como un pájaro interno que me estaba carcomiendo el alma; fue así que supe –poéticamente- que ella era obscura, loca, vanal, pendeja, pero hermosa (usaba unos calcetincitos de red que me inspiraban no sólo amor sino arrebatos eróticos que no describiré aquí), y que la amaba profundamente, pero, la mera verdad, sin ganas de tocarla, porque jamás sucumbí al arrebato de besarla sin su autorización, o de abrazarla, ni siquiera contradecirla. M.E. llegó como musa a mi mundo real y ciber cuando estaba engrosando las páginas de mis delirios, ensoñaciones, desequilibrios, locuras muy privadas, ganas de gritar, fallas en mi sistema inmunológico, y lo peor fue que cuando me embriagaba, al día siguiente me sumía en depresiones espantosas, pronunciando el nombre doble de ella.
Así ustedes se pueden imaginar los tiempos y espacios que asume un sujeto enamorado, que anda mal de aquí a todos lados y de regreso sólo lleva en sí la realidad de lo imposible. Fueron los días, los meses, los años de mivida como araña hiperracional en la que me había convertido, y así me sentí dark, lacrimoso, me sentí niño extraviado, me consumía, pero siempre mi reacción era aporrear teclas y atisbar salidas porque no era la primera vez que me enamoraba de una chica difícil.
Una tarde sentados en un café el azar me colocó frente a sus ojos; se me notaba hasta por satélite la tristeza y ella claro, ¡púm!: “Qué tienes, en qué piensas”. Y yo: “En nada”, y ella se reía y yo “No te lo tomes tan en serio, eh”, y ella más risas, y más risas (feas, sí, es que no tengo otra palabra con la cual calificar sus risas; algo que siempre me perturbó fue el cómo una cara tan bella podría fabricarse risas espantosas y además, como en esa situación, demasiado hirientes).
Pasó el tiempo y después de una charla con una de mis mejores amigas surgió la solución: “Alex, te tienes que alejar de ella, deja de ir a buscar a tu madre, no seas tan dependiente. Alex, te estás haciendo mucho daño.” Y todo esto casi justo cuando M.E. misma ya se estaba rebelando como musa: ya no quería mi presencia, le hartaba mi carita de dolor; nunca le interesó leer mis-sus poemas que ya le había dado en las manos. Además, y esto es algo que siempre he considerado como muy raro en mí, de tan enamorado que estabayo ya preferíahuir, así muchas veces al aparecer M.E. en mi horizonte de visión hacía como que no la veía y me esfumaba como mago chino, o como nigromante, o como gazapo asustado, pues.
Ella se rebeló porque yo la quería fuera de mí, pero no de un modo consciente sino de un modo bastante enfermito, pero captó el mensaje y es que de pendeja, ora sí perdón, ella no tenía nada.
Y se fue; claro, unos meses antes en un sitio en que coincidimos, el mirador de un parque de la ciudad, le dije que quería besarla y ella me dijo casi sin pensarlo:
- No Alex, es que esto no es para ti.
- Mmmmh.
Y sí: nunca fue para mí, y es el momento en que ignoro si leyó los poemas que me inspiró mi pequeña musa. Su rebelión no fue tan explosiva, sólo se fue despacito con las señales mías de desesperado y tembloroso animal herido.
Tardé años (¿leen el tono exagerado de Alex?) en olvidarla; cuando recordaba diálogos como cuando le dije que yo como poeta (otra exageración con error incluido) buscaba La Verdad y ella como publicista trabajaba con La Mentira, ella muy ufana me corregía:
-No, yo trabajo con la persuasión...
-Uf.
Esta es la primera rebelión; tal vez siga con otra, sólo es cosa de recordar, o de ir a mi diario a husmear en páginas donde me desconocía a mí mismo de una manera tan descarada, en tiempos ya idos.





ran-part-2 dijo
Una muza pre-Brat jeje... Entonces debe ser muy bonita. Uy amigo se nota que te atrapo esa mujer y bien, pues incluso se me afiguro como pelicula de suspenso (ojala no me vayas a salir obsesivo-asesino jeje). Fuera de broma, a la mejor ella no era pra ti y biseversa pues las cosas se dan por algo inexplicable. Salu2!
8 Septiembre 2007 | 08:15 PM