BRUNO SCHULZ

"Judío nacido en Galitzia (hoy Ucrania), consiguió establecer relación en la Polonia de entreguerras con algunos de los artistas más importantes del momento, como Thomas Mann y Joseph Roth, además de declararse seguidor de los pintores españoles Goya, Velázquez y Zuloaga. El estallido de la Segunda Guerra Mundial supuso el fin definitivo de su carrera y también el de su vida, al recibir en noviembre de 1942 un disparo de un oficial de la SS.”
Supongo que en una ciudad polaca un muchacho judío rememora ciertas historias acontecidas alrededor de la casa paterna, del paisaje citadino, de los lugares, como las tiendas de canela, o la calle de los cocodrilos, que lo han asombrado porque como la vida misma son una cosa más compleja de lo que aparentan ser a primera vista. Bruno Schulz (1892-1942) ha construido un libro de relatos singular, denominado Las tiendas de color canela, donde la fuerte poesia expresionista de su escritura me ha dejado asombrado, aun pareciendo su literatura una deriva kafkiana y por momentos deudora de otros libros magistrales como Las nuevas noches árabes de Robert Louis Stevenson, donde la urdimbre narrativa establece una relación de vasos comunicantes entre relato y relato, así sucede con estas narraciones de Las tiendas de color canela, libro de 1933, y una de las dos únicas obras literarias que sobrevivieron al holocausto personal de este artista polaco. Es decir, Las tiendas de canela de Bruno Schulz, a pesar de su carácter fragmentario, de un total de 13 relatos, no impide que la obra pueda leerse como una novela, pues las historias se entrelazan a la manera de aquel molde de moldes que es Las mil y una noches. Claro que hay que hacer la observación de que Las tiendas de color canela es un relato alejado del exotismo de los lugares y atmósferas de la arabia milenaria.
Podemos leer es un fragmento de su relato “Agosto”, lo siguiente: “Sobre su potente tallo, doblándose bajo el peso de su enorme corpulencia, un gigantesco girasol enfermo de elefantiasis aguardaba la muerte en el luto amarillo de los últimos y tristes días de su existencia; pero las ingenuas campanillas silvestres y otras florecillas de percal, desvalidas en sus rosadas y blancas camisas almidonadas, no comprendían la enorme tragedia del girasol.” (p. 8 de La tiendas de color canela, Universidad Nacional Autónoma de México, México 1986. Libro de la colección La línea de sombra, dirigida por un franco devoto de Schulz, Sergio Pitol.).
Aquí en esta porción narrativa del universo Schulziano, hallamos la prueba irrevocable de una literatura poética, enorme en su maestría; además Schulz subvierte las nociones de realismo literario y en su marco general agrega las dimensiones ambiguas, pero evidentes, de la irrupción de lo fantástico en el tono general de esta obra, por ejemplo en el relato “Los maniquíes”, leemos:
“Las camas todo el día sin tender, cubiertas de sábanas arrugadas y untadas de sueños pesados, eran como profundas barcas dispuestas a navegar en los húmedos y complicados laberintos de alguna negra Venecia sin estrellas.”
Poesía exquisita, la de una prosa que se arrima al cobijo de las metáforas, como en este caso el de una “Venecia sin estrellas”, es decir, el suelo acuático de una geografía oscura donde las almas deambulan pesarosas después del carnaval, o de la angustia que se sobrelleva posteriormente al crimen, no lo sé. En mi caso -como lector indocto que soy- los relatos de Schulz son magníficos pinchazos para que mi mente divague por asociaciones que me conducen a saborear este tipo de literatura. Igual sucede con escritos donde el autor nos convida de su tenebrosidad; aunque aquí con Schulz no hay relatos de espectros, ni de hechos de sangre, sí hay los que cuentan las vidas de seres a punto de la desaparición, pero no por esperar la muerte catastrófica o natural, sino que por los mismos actos rutinarios de sus vidas donde la muerte se les difumina en medio de actos de escapismo, lentísimos, como es el caso del padre del personaje de algunos relatos encabalgados de este librito, allí donde el padre colecciona pájaros y que en el relato “La anunciación” esgrime su callada extravagancia, que lo hace ser un sujeto al que en algún momento, ya totalmente incorpóreo, sólo tendrán que barrer con una escoba y así ser arrojado al cesto la basura.
En la nota que aparece en la cuarta de forros de este librito hay una línea que me gusta, es aquella que hace referencia a la obra conservada de nuestro autor:
“Schulz produjo una de las prosas más refinadas de la lengua polaca, coloreada por un erotismo velado y triste.”
Es de una pertinencia tal la frase (¿será también de Sergio Pitol, un lector admirador del autor polaco?, lo ignoro, pues este libro no tiene el crédito de las traducciones al español; sin embargo, el relato “Los pájaros”, que inicia en la página 21, si trae en su parte final y entre paréntesis el crédito dado a Pitol, como traductor) que al mirar esa cercanía de una mujer como Adela (personaje de esta obra, quien seguramente es parte de las mujeres que le dan calor placentero al padre del personaje principal de los relatos del libro) ese erotismo que construye el autor es en verdad si no triste al menos bastante velado, así podemos leer del relato “Los maniquíes” cómo Polda y Paulina, dos costureritas de la casa del señor padre de nuestro personaje principal, llegan a hacer labores de corte y confección, se acomodan alrededor de un “silenciosa dama de paja y tela que tenía una negra bola de madera a guisa de cabeza” (p.29); al tanto de todo este trajín se mantiene el personaje que la hace de padre en estas historias, y él es quien tiene el privilegio del voyeur doméstico al notar cómo “Las muchachas se dejaban contemplar y moviendo las caderas, deslumbrando a mi padre con sus ojos pintados, con el charol de sus rechinantes zapatillas, con las ligas de las medias que se asomaban bajo sus vestidos hinchados por el viento.” (p. 30). Al mismo tiempo el padre tiene el privilegio de coquetearles a estas damitas, hasta de tenerlas en su regazo y exclamar:
“-¡Cuán plena de belleza y qué feliz es la forma de existencia que ustedes han elegido! ¡Qué hermosa y sencilla es la tesis que prueban con su propia vida! ¡Y con cuánta maestría, con qué finura logran ustedes cumplir su cometido! Si haciendo a un lado el respeto hacia el Creador quisiera entretenerme criticando la creación, diría: ¡Menos contenido y más forma! ¡Ah! ¡Cuánto bien haría al mundo una reducción de contenido! ¡Más modestia en los propósitos, más sobriedad en las intenciones, y señores demiurgos, y el mundo sería perfecto!” (p.31).

La tiendas de color canela me ha gustado por ese velado erotismo, por la maestría poética de su prosa singular, por permitirme leer otra vez un libro que es conjunto unitario de estertores de sombras que van de aquí para allá condenadas a desaparecer en su humanidad patética, quizá sólo con el propósito de que un artista grabador las halla plasmado antes en alguna obra singular, y en este caso Schulz con el buril del lápiz lo hizo, aunque no hay que olvidar que además de escribir Schulz fue un notable grabador europeo de aquel siglo XX, lleno de oscuridad. ¿Lleno de claroscuros, ¿debí escribir?
PS. Si quieres saber porqué a pesar del nombre las tiendas de color canela no son tiendas de especias, ni de colores industriales, sino una inmensa librería de libros antiguos, algo hermoso en sí, pues atrévete a leer este libro.

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ENLACES CON SCHULZ:
- Las tiendas de color canela, en polaco SKLEPY CYNAMONOWE.
- Bruno Schulz al español:
-http://www.brunoschulz.org/przeklady-es.html.
- http://maruska.soria.org/schulz.htm
- Los ojos de Bruno Schulz por Antonio Muñoz Molina:
http://www.escueladeletras.com/forosliterarios/757-vt757.html
-El arte de Bruno Schulz: http://www.madryt.polemb.net/index.php?document=389




Luis Cordera dijo
aqui esta el blog para debatir a gusto... www.lacoctelera.com/mundoplano
4 Diciembre 2007 | 01:42 AM