LA BREVEDAD DEL ABSURDO
Me gustó mucho el post de Aurora (7 de diciembre de 2007), lo copio enseguida, para después hacer un comentario.
La miro desde la esquina opuesta a donde está sentada. Es tan hermosa... Me embarga verla reposar en el quicio de la ventana abierta bajo la luz naranja y triste de la farola callejera que ilumina nuestro balcón. Deja resbalar el humo de su cigarrillo entre sus labios entornados, como si se auto-acariciara con dedos vagos hechos de nicotina y fuego.
Yo también prendo un pitillo.
Hace años que convivimos y, sin embargo, sólo hoy me atrevo a hacerle la pregunta.
¿Qué esperas de mí, Amor?
Gira la cabeza, serena, y no duda.
Y tú, ¿qué esperas de mí, Vida?

Mi comentario:
¿Y si esta pregunta se hace después del café, o del trance amatorio?; bienvenida la pregunta. Diálogo de seres objetos de la Costumbre. Contumaces marionetas del diario vivir. Vidas cruzadas (remember Raymond Carver). El trazo al óleo de Aurora me detiene en el tema de la luz, “la luz naranja y triste de la farola callejera que ilumina nuestro balcón”, o en todo caso de su colorido, ese naranja que si no es triste es el festivo anuncio de los atardeceres. Pienso en ese naranja detrás de la montaña de mi ciudad, ese que surge como a las seis de la tarde y siempre que me convoca a cierto regocijo es porque mi vida marcha bien, porque cuando todo sale mal hasta el naranja conspicuo y alto del recorte montañés no me dice nada. Vuelvo al texto de Aurora y aquí el naranja es el compacto asomo de la futilidad, del dislate del sinsentido. ¿Soy redundante?
Esa luciérnaga que fuma, la de los “dedos vagos hechos de nicotina y fuego” es además la imagen de la tristeza, no sólo la de la estancia que el balcón recorta con ese instante abstinente. ¿Soy pleonásmico?
La vida es redundancia y pleonasmos interminables, sobre todo la de parejas desdichadas.
Me gustó mucho el texto de Aurora porque en su síntesis captura la brevedad de algo que se pondera eterno: el desconocimiento de sí, el de esos seres que aprueban la monotonía y después se observan extraños, haciéndose preguntas valiosas, como para responderlas o dejarlas de lado, pospuestas, para la hora en que otra vez, después del humo que consume a los amantes, logren volver a citarse en la hora maltrecha de quizá alguna revelación.
Antes de partir me parece que la afirmación “Es tan hermosa…” de esta minificción, dice mucho, y su decir estriba en la redondez del escrito: esa en la que el protagonista, el de la voz pueda llegar a responder (se): lo que espero de ti mi vida es consumar (¿consumir?) esa hermosura, así sea a golpes de ceniza después del amor.
Felicidades Aurora, te saluda tu amigo Alexander Z.
P.D. Ah, Aurora: ¿Violé tus derechos de autor?, mejor tómalo como una cita in extenso, lo lamento.






Aurora Ferrer Sancho dijo
No, Alejandro, no sólo no violas mi derecho de autoría, sino que me sorprende y halaga que te tomes tu tiempo para esta reflexión a partir de mi microrrelato.
Saludo grande para ti, Sr. Z.
9 Diciembre 2007 | 12:00 PM