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La Coctelera

VIVIR AL ESTE DEL EDÉN

DEL PENSAR Y DEL DECIR

3 Enero 2008

FUNDACIÓN DEL ENTUSIASMO

Con un abrazo a la periodista Lydia Cacho.

Va por ella, en casa te queremos mucho

Es la tarde del miércoles 2 de enero.

Los muros de nube gris que cercan a la ciudad también encierran las ráfagas de viento frío que la azotan, ya por más de 24 horas seguidas.

Los primeros días del 2008 son fríos, inhóspitos, pero hay alegría por ver a la familia: nuños que no se cansan de correr, mamás que charlan, papás que tienen mucho que contarse. Mención aparte merecen mis primas bellas que echan novio sin dejar de ser bonitas e ingeniosas.

Yo me siento muy bien, escucho música y con atención escucho lo que mis mayores se platican; veo en ellos preocupación y experiencia; han hablado de sus infancias, de las antiguas navidades, de las costumbres y de los ritos; hablan de cómo van creciendo, de cómo han mejorado sus vidas en lo económico, pero también en lo espiritual y percibo que hay lágrimas sutiles y contundentes en los ojos de mamá; me disculpo voy a mi cuarto y me pongo a llorar.

Pienso en el Abuelo.

Su casa está vacía, en todo caso sus posesiones están vacías de él, pero aún hay un calor muy de él. Me siento en su mesa, miro el mullido sillón de sus lecturas, los anaqueles con libros, algunas esculturas del rincón, fotografías, y todo desdice que él murió; la verdad es que lo extraño mucho.

Y regreso a la sala de mi casa y ya los demás otra vez se abrazan y se juran amor, y les creo porque no lo dicen con palabras sino con lágrimas sinceras, compartidas.

Mi hermana Fernanda trajo a su novio a cenar el día 31 de diciembre a la casa; me parece que es un chico tímido, pero es guapo y muy inteligente. Hablamos de libros, de nuestros estudios, de la amistad, de la música que nos gusta y un poquitín de política; casi coincide conmigo, pero me voy acostumbrando a que mis opiniones políticas encuentren cierto silencio embarazoso o cierta complicidad forzada; aquí entre nos yo me sentía feliz la última noche del año, por un aniversario más del movimiento neozapatista indígena de México y porque seguro un servidor brindaría –en su momento- por la salud de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), este luchador mexicano por la democracia. Eso es algo valioso: desde 1994 y desde hace un par de años en mi país la concientización política se ha visto favorecida por estos dos acontecimientos cercanos, aunque desgraciadamente poco coincidentes: el neozapatismo y la Resistencia Civil y Pacífica de AMLO.

Uno de los temas más socorridos fue el caso de la periodista mexicana Lydia Cacho, quien sufre la falta de justicia en México y tendrá que esperar el veredicto de alguna corte internacional, pues en mi país los jueces han exonerado prácticamente a loa políticos de baja estofa que han violado los derechos de la valiente periodista, quien ha estado investigando acerca de la redes de pederastas y de la pornografía infantil que prevalecen en México.

Un abrazo quiero mandar a Lydia Cacho diciéndole que resista, y que muchos creemos en ella, y esperamos que la verdadera justicia se haga cargo de su caso

Aunque viene mayor dureza en la crisis económica y social de mi país yo estoy optimista porque la organización en contra del neoliberalismo crece cada día más; además en 2008 se cumplen 40 años de la matanza del 2 de octubre de 1968; bueno es que hay muchas razones políticas para estar despiertos.

También hay aniversarios importantes que tiene que ver con la vida y obra de digamos Octavio Paz (de quien leo en estos días es espléndido libro de prosa poética Águila o sol), o de la Antología de la poesía moderna, de Jorge Cuesta, que es de 1928; en fin.

Ya ven cómo mi cabeza no se amilana, ni mi corazón pues puedo decir que el año pasado, el 2007 me regaló el amor concreto de una chica que aquí he mencionado, y aunque ese amor se haya esfumado, en la piel me queda la marca de su realidad. Además por supuesto que también estoy abierto para el amor de otra mujer, claro.

Aunque las horas son frías, y el viento me despeine una que otra certeza, lo que veo claro es que hay que estar animados para vivir y luchar. Para crear poesía, para sentir y no temer.

Para seguir escribiendo nuestras conmociones, para revestir de luz nuestras ideas, y también para tener la seguridad de reconocer nuestros errores.

Yo quiero seguir aquí mientras la realidad me lo permita.

¡Salud para todos!

Tags: lydia cacho

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