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La Coctelera

VIVIR AL ESTE DEL EDÉN

DEL PENSAR Y DEL DECIR

3 Mayo 2009

LA INFLUENZA EN ESTA CIUDAD

 Mejor Dicho: el miedo a la influenza en esta ciudad.

Qué difícil vivir con cubre bocas. Y no porque se haya resuelto el asunto: sigue un gran desabasto: no hay cubre bocas en las farmacias, ni botellitas de gel antibacterial (el portal Yahoo, súper políticamente aséptico y correcto ya promueve sus fórmulas e instrucciones para fabricar cubre bocas y fabricar gel contra las bacterias). Tampoco los hay en hospitales y clínicas de salud gubernamentales. Es el colmo, por todos los medios posibles el gobierno promueve el uso de los cubre bocas y no los proporciona... Sin embargo, en esta ciudad veracruzana la paranoia ha bajado sensiblemente. El terror al virus de la influenza porcina, el miedo a este bicho está bajando sensiblemente y me parece que para bien; además por más que le piense uno o lo dialogue con su gente es imposible vivir aterrado, sin cubre bocas y con una realidad mediática que confunde, manipula, atemoriza. En estas condiciones, si fueran tan reales como las pintan las voces mediáticas (pandemia a la vuelta de la esquina, sí, en mi jardín, mi auto, en las manos y abrazos de mi familia) este país ya estuviera en la disolución total, con problemas de fugas de capitales, con gente huyendo hacia otras naciones, aunque los cabrones chinos se pasen de lanza con sus medidas peliculescas de protección en contra de viajantes mexicanos. Ante eso un poco de razón no está mal. Aunque no promuevo las falta de cuidados en este tipo de emergencias, ni creo tener los elementos necesarios para negar la existencia de un virus maligno y tan agresivo como el del porcino origen, es digno de admiración el que la gente vuelva a su normalidad, sin tener que ir de aquí para allá cubriendo sus bocas con pedazos de tela que no impedirían la entrada de un virus tan virus como el que protagoniza esta historia tan asimétrica. La gente vive con normalidad aunque esté bien que los más hipocondríacos lleven hasta cubre bocas industriales (los ricos, la clase media que los logra obtener). Pero si les digo que en una visita a los centros comerciales de esta ciudad, la mayor parte (la que se decide por vivir en normalidad) no lleva cubre bocas en sus rostros.

Pienso que poco a poco retornaremos a tener otra posibilidad para analizar esta situación, pero es que hace falta hablar con la gente, no con la tía religiosa que teme el Apocalipsis Viral, ni con el primo rebelde que se burla y niega la existencia del virus protagónico, no con el tío que casi llama a la insurrección civil diciendo que esta es una patraña del gobierno mexicano acorde con las ordenes de un Obama más maquiavélico que su predecesor, no, hace falta hablar con la gente razonable de la calle, preguntarle qué opina de todo esto; hace falta hablar con el amigo universitario que piensa, analiza, el que posiblemente tiene razones para odiar esta maquinación tan brutal de atemorizar a millones de personas con elementos confusos, hace falta hablar con el profesor que lee, que sabe, que tiene una idea clara de que es muy sospechosa esta realidad que nos mantienen en total atomización.

¿Por qué por ahora no es posible ver por ningún lado voces inteligentes que nos expliquen que está pasando? Cuando hay elecciones políticas algunos hombres y algunas mujeres disienten de las versiones oficiales, de las de los poderes de facto y nos dan elementos que aclaran que en cuestión electoral nuestro país sigue con funcionarios gubernamentales y/o civiles que hacen trampa; cuando hay problemas en la economía algunos nos avisan de que el gobierno esconde información o promueve medidas aún más draconianas para seguir vivos, etcétera, pero en estos días hay un silencio casi total de voces que critiquen las medidas que el gobierno está tomando, la manera en que está manejando esta situación que pudo prever si ejerciera el poder de manera democrática y verdaderamente honesta; más allá de ciertos periodistas que dicen ciertas verdades respecto al tufo dictatorial en que nos olemos los temores en estos días, no existen voces que nos propongan actitudes diferentes a las de la obediencia ciega a los dictados de los del poder. Hacen falta voces que se arriesguen a disentir en estos momentos, y no tienen que ser negacionistas de esta situación, si no que deben ser concretas, realistas, partir de la experiencia de los años pasados en que los mexicanos hemos estado apunto de irnos a los abismos.

Y ya dejando de lado las voces inexistentes quiero decir que la propuesta es organizarnos, informarnos, protegernos, actuar nuevamente en pro de la resistencia porque las cosas están muy mal. Nos tenemos que organizar para que haya abasto de cubre bocas para la gente que se siente bien psicológicamente si trae cubre bocas -porque les hace falta esta medida de prevención; hace falta organización para actuar a favor de una cobertura en verdad universal en caso de que se complique la salud de la gente, porque los síntomas de esta influenza porcina son de lo más común, son los síntomas que en cualquier momento podemos llegar a sentir, y es penoso que por la falta hasta de placebos la gente viva niveles alarmantes de estrés y ansiedad. Esto es una soberana falta de respeto a los derechos humanos.

Mi país, mi ciudad vive así en estos días, atemorizada.

Pero en mi ciudad las cosas tienen el color de la normalidad y está muy bien. No he visto gente a la que no le importe lo que le pueda pasar, es más en sus ojos he visto la preocupación seria porque sus hijitos, sus esposas, se enfermen. Pero y lo enfatizo otra vez: no hay cubre bocas para todos, no hay gel antibacterial en las farmacias. Lo que hay es una sarta de pretextos de los dependientes de las farmacias que hablan de desabasto, y esto promueve el miedo; pero la gente si se está lavando las manos más seguido, si está al pendiente de lo que pasa, pero como seguimos viviendo en el laberinto de la soledad los superfuncionarios del gobierno nos quieren aterrados, en nuestras casas, sin abrazar a los seres queridos, y con la voluntad dispuesta a ceder la autonomía en pos de las medidas más radicales que quizá vienen en camino.

Es mi deseo que esta etapa del terror pase, porque un gobierno que dice "Estamos en alerta, pero no en alarma", y no brinda a sus ciudadanos los recursos necesarios para hacer frente a la epidemia que menciona, es un gobierno bajo sospecha.

Esto es: en México vivimos otra vez bajo sospecha, bajo sospecha de ser ciudadanos completos, bajo sospecha de ver respetados nuestros derechos humanos, bajo sospecha de que algo por allí se esconde. Y siempre en la historia de mi país lo que se esconde es la verdad.

Me parece que en mi país estamos más que preparados para la verdad, pero no estamos preparados para seguir así en medio del temor y de una normalidad que quizá alguna vez nos vuelva otra vez a aburrir.

Hoy me vestí todo el día de normalidad, salí a la calle, saludé de beso a mi querida familia, apreté manos, y claro que me lavé una y otra vez las manos, vaya hasta volví a ver -en video- la película Mejor Imposible de un Jack Nicholson obsesivo compulsivo, bueno, es que en situaciones como esta ¿les gustaría ver como desde la televisión, la prensa, la radio, un país engendra millones de obsesivos compulsivos en un santiamén? Verdad que no. Pues yo creo que no.

Gracias por leer hasta aquí. 

 

 

 

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